REPORTAJE INVESTIGATIVO DE ADPRESS | REPÚBLICA DOMINICANA

Cirugías plásticas en República Dominicana: la búsqueda de belleza que puede terminar en tragedia
Muertes, complicaciones posoperatorias, intrusismo profesional y centros sanitarios irregulares ponen bajo escrutinio la seguridad de los procedimientos estéticos en el país.
La República Dominicana se ha consolidado como un destino importante para las cirugías estéticas, impulsado por la demanda local, el turismo médico y las ofertas que circulan en las redes sociales. Sin embargo, detrás de esta actividad existe una realidad que exige atención: cuando una intervención se realiza sin las debidas garantías médicas, la búsqueda de una transformación física puede convertirse en una amenaza para la vida.
Una publicación de Listín Diario, del 31 de marzo de 2026, situó entre 60,000 y 65,000 los procedimientos estéticos realizados anualmente en el país. La liposucción figura entre los más demandados, seguida por las cirugías mamarias y la abdominoplastia. El mismo reporte informó de tres fallecimientos vinculados a procedimientos estéticos durante 2025 y dos notificados en los primeros meses de 2026.
Estas cifras plantean una pregunta fundamental: ¿están los mecanismos de supervisión, la preparación de los profesionales y las condiciones de los establecimientos respondiendo adecuadamente al volumen y la complejidad de estas intervenciones?
La cirugía plástica no es, por sí misma, una práctica insegura. El problema aparece cuando se minimizan los riesgos, se oculta información al paciente, se recurre a personal sin las credenciales necesarias o se realizan procedimientos en instalaciones que no reúnen las condiciones para responder a una emergencia.
1. Muertes que vuelven a poner el problema en primer plano
Los casos reportados durante 2026 han reavivado el debate sobre la responsabilidad médica, la vigilancia sanitaria y la protección de quienes se someten a procedimientos estéticos.
Uno de ellos fue el de Anyeli Meliza Sánchez Castillo, de 27 años, quien falleció el 15 de abril de 2026 después de someterse a múltiples procedimientos estéticos. Sus familiares cuestionaron las circunstancias de la intervención y las credenciales del profesional involucrado, según informaciones publicadas por Diario Libre.
Otro caso fue el de Rebecca Brizard, de 37 años, quien murió después de una intervención estética en Santo Domingo Este. La cobertura periodística informó que el establecimiento fue objeto de actuaciones sanitarias y que el hombre señalado por realizar el procedimiento presuntamente no contaba con las credenciales médicas requeridas. Las responsabilidades individuales deben establecerse mediante las investigaciones y los procesos correspondientes.
Ambos casos ponen sobre la mesa un aspecto esencial: el paciente no siempre dispone de información suficiente para determinar si quien ofrece una cirugía está debidamente formado, si el establecimiento está autorizado o si existe capacidad para atender una complicación grave.
La tragedia no debe utilizarse para condenar de manera general a los profesionales que ejercen correctamente. Sí obliga a examinar las fallas que puedan comprobarse y a determinar si los controles existentes funcionan antes de que se produzcan daños irreversibles.
2. El intrusismo médico: cuando la cirugía queda en manos equivocadas
Uno de los aspectos más preocupantes es el denominado intrusismo profesional, que ocurre cuando una persona realiza actividades médicas para las que no posee la formación, acreditación o autorización exigidas.
En julio de 2026, la muerte de Rebecca Brizard provocó cuestionamientos después de que informaciones periodísticas señalaran a un hombre que se dedicaba a la barbería como presunto responsable de practicar el procedimiento estético. Según la cobertura de Diario Libre, el establecimiento donde ocurrió el caso operaba sin licencia y el señalado habría realizado intervenciones anteriores sin presentar credenciales médicas.
Este tipo de situaciones expone una vulnerabilidad que va más allá de la calidad de una operación: ningún paciente debería depender de una fotografía publicada en redes sociales para determinar si está frente a un profesional capacitado.
La promoción de procedimientos por personas sin las credenciales correspondientes, las ofertas económicas agresivas y las consultas organizadas mediante perfiles digitales pueden dificultar que los usuarios distingan entre un servicio médico legítimo y una práctica irregular.
La responsabilidad de prevenir estos hechos no recae exclusivamente sobre los pacientes. También requiere fiscalización efectiva, verificación de títulos, vigilancia de los establecimientos y actuación oportuna frente a las denuncias.
3. Las consecuencias físicas: mucho más que una cicatriz
Las cirugías plásticas pueden producir resultados satisfactorios cuando están correctamente indicadas y ejecutadas. Sin embargo, como cualquier intervención quirúrgica, no están exentas de complicaciones.
Entre los principales riesgos se encuentran:
- Hemorragias y hematomas: acumulación de sangre o pérdida significativa durante o después de la operación.
- Infecciones: pueden requerir antibióticos, hospitalización, nuevas intervenciones y, en casos graves, provocar la muerte.
- Trombosis y embolias: la formación o desplazamiento de coágulos puede comprometer la circulación y causar complicaciones potencialmente mortales.
- Problemas anestésicos y respiratorios: pueden surgir incluso durante procedimientos planificados.
- Lesiones de tejidos y alteraciones de la sensibilidad: algunas pueden dejar secuelas duraderas.
- Resultados estéticos insatisfactorios: asimetrías, cicatrices, irregularidades o la necesidad de una cirugía correctiva.
La transferencia de grasa a los glúteos, conocida popularmente como Brazilian Butt Lift o BBL, merece particular atención por el riesgo de embolia grasa cuando el material se introduce en vasos sanguíneos. Un informe sobre fallecimientos de ciudadanos estadounidenses tras procedimientos estéticos en República Dominicana identificó 93 muertes entre 2009 y 2022, aunque advirtió que esos datos no permiten determinar por sí solos la frecuencia del riesgo entre todos los pacientes operados en el país.
El peligro aumenta cuando se combinan procedimientos extensos sin una evaluación individual rigurosa, se ignoran las condiciones preexistentes del paciente o no existe capacidad para responder a una emergencia.
4. ¿Qué está haciendo el Estado dominicano?
La República Dominicana dispone de instrumentos normativos para regular el ejercicio médico y las condiciones de los establecimientos de salud. Entre ellos se encuentra la Resolución 000008 del Ministerio de Salud Pública, del 20 de marzo de 2015, que establece requisitos para ejercer la cirugía plástica, estética y reconstructiva.
No obstante, la existencia de normas no garantiza por sí sola su cumplimiento.
El 1 de mayo de 2026, la Presidencia informó que el Ministerio de Salud Pública había dispuesto el cese de servicios de 501 establecimientos sanitarios y estéticos entre 2024 y abril de 2026. Entre las causas figuraban la falta de habilitación, los permisos vencidos, las alteraciones no autorizadas de las instalaciones y otras irregularidades sanitarias. La cifra incluye diferentes tipos de establecimientos, por lo que no debe interpretarse como el número de clínicas de cirugía plástica clausuradas.
Este dato abre una línea de investigación periodística: ¿cuántos establecimientos que ofrecen procedimientos estéticos han sido inspeccionados específicamente?, ¿cuáles reincidieron después de ser clausurados?, ¿qué sanciones se impusieron y cuáles fueron efectivamente ejecutadas?
Son preguntas que requieren respuestas documentadas de las autoridades, no simples declaraciones generales.
5. Responsabilidad médica y consecuencias judiciales
Otro punto crítico es determinar qué ocurre cuando una paciente fallece o queda con lesiones graves después de una cirugía.
El 5 de octubre de 2026, Diario Libre publicó información sobre la situación judicial del médico José del Carmen Desena Montero, condenado en 2025 por homicidio involuntario en un caso anterior. El medio informó que el profesional recuperó la libertad tras anularse una orden de arresto y que una joven intervenida por él también falleció en 2026. Su abogado negó que la muerte de esta última fuera responsabilidad del médico o del centro, y la publicación señaló que no se había abierto un proceso judicial por ese segundo fallecimiento.
Este caso plantea interrogantes sobre la supervisión profesional, el alcance de las sanciones y la coordinación entre las autoridades sanitarias, los organismos profesionales, el Ministerio Público y los tribunales.
Para establecer responsabilidades en cada caso es necesario examinar las historias clínicas, los informes forenses, las condiciones de la intervención, los protocolos aplicados y las decisiones judiciales. Una muerte posterior a una cirugía exige investigación, pero no demuestra automáticamente negligencia: esta debe establecerse con pruebas.
6. Las redes sociales y la presión por alcanzar un cuerpo ideal
La dimensión del problema también es social.
Las imágenes retocadas, los testimonios de celebridades y las promociones de procedimientos a bajo costo pueden crear expectativas poco realistas sobre los resultados de una cirugía. En ocasiones, la decisión se toma sin comprender plenamente las posibles complicaciones, el tiempo de recuperación o el costo de atender una emergencia.
La Sociedad Dominicana de Cirugía Plástica ha recomendado verificar la preparación del especialista y la habilitación del centro, así como evitar que las promociones digitales sustituyan la evaluación médica.
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Una cirugía estética debería ser una decisión informada, no una carrera para alcanzar un estándar físico impuesto por las redes sociales. El consentimiento del paciente debe basarse en información clara sobre los riesgos, las alternativas, las limitaciones y las posibles consecuencias a largo plazo.
7. Las preguntas que una investigación periodística debe responder
Para profundizar en el problema de las cirugías plásticas en República Dominicana, es necesario solicitar y contrastar información sobre los siguientes puntos:
Estadísticas oficiales de mortalidad
¿Cuántos fallecimientos, infecciones graves, reingresos y complicaciones se registran cada año? ¿Existe un registro nacional consolidado que permita comparar los casos con el volumen total de intervenciones?
Inspecciones y habilitaciones
¿Cuántos centros de cirugía plástica están habilitados? ¿Cuántos fueron clausurados, reabiertos o sancionados por reincidencia?
Credenciales de los especialistas
¿Qué mecanismos permiten verificar las especialidades, los exequátur y las autorizaciones de quienes realizan procedimientos invasivos?
Sanciones y seguimiento judicial
¿Cuántas denuncias terminaron en sanciones administrativas o condenas? ¿Qué mecanismos existen para impedir que se repitan las prácticas que originaron casos anteriores?
Seguridad después de la operación
¿Los centros cuentan con personal de recuperación, equipos de emergencia, protocolos de traslado y seguimiento posoperatorio para pacientes locales y extranjeros?
Estas preguntas deben dirigirse al Ministerio de Salud Pública, la Sociedad Dominicana de Cirugía Plástica, el Colegio Médico Dominicano y las autoridades judiciales. Sus respuestas permitirían convertir las denuncias individuales en un diagnóstico sustentado sobre la capacidad de prevención y fiscalización del sistema.
Conclusión: la belleza no puede estar por encima de la vida
La cirugía plástica forma parte de una actividad médica legítima y de un sector que genera movimiento económico y turismo de salud para la República Dominicana. Pero su crecimiento debe ir acompañado de controles efectivos, profesionales acreditados, centros habilitados y mecanismos transparentes de rendición de cuentas.
Los fallecimientos reportados, las denuncias por presunto ejercicio ilegal de la medicina y las intervenciones de las autoridades sanitarias constituyen motivos suficientes para exigir una evaluación rigurosa del sistema, sin generalizar ni atribuir culpabilidad antes de que existan pruebas.
La pregunta central no es si los dominicanos deben hacerse cirugías plásticas, sino si cada persona que decide hacerlo puede confiar en que encontrará un profesional cualificado, una instalación segura y una respuesta médica oportuna ante cualquier complicación.
Porque cuando los controles fallan, las consecuencias no se limitan a un resultado estético insatisfactorio: pueden afectar la salud, la estabilidad emocional, la economía familiar y, en el peor de los casos, terminar con una vida.




