Marcelino Vargas alerta sobre riesgo de escasez mundial de alimentos por sequía y cambio climático

El consultor agrícola advierte que la reducción de las lluvias en un 50 % en zonas de Centroamérica y el Caribe amenaza los cultivos, la ganadería y la disponibilidad de productos agropecuarios, incluida la República Dominicana.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.— La disminución de las precipitaciones en Centroamérica y el Caribe ha encendido las alertas sobre la producción de alimentos y la sostenibilidad de las actividades agropecuarias, ante los efectos asociados al cambio climático y la posibilidad de que se intensifique el fenómeno El Niño.
La advertencia fue formulada por el consultor agrícola Marcelino Vargas, ganadero y productor de arroz, quien sostuvo que la reducción de las lluvias podría comprometer la disponibilidad de alimentos en los próximos meses, tanto en los países de la región como en otros mercados del mundo.
Según explicó Vargas, las precipitaciones en países de esta zona geográfica, incluida la República Dominicana, se han reducido en un 50 % desde mayo pasado. Esta situación, afirmó, está perjudicando los cultivos agrícolas y agravando las dificultades que enfrenta el sector pecuario para disponer de pastos y agua suficientes para alimentar y mantener el ganado.
La sequía amenaza la producción agropecuaria
La preocupación expresada por el especialista apunta a dos componentes esenciales de la seguridad alimentaria: la producción agrícola y la capacidad de sostener la ganadería.
La falta prolongada de lluvias puede reducir la humedad de los suelos, limitar el desarrollo de los cultivos y afectar la disponibilidad de agua para el riego. Cuando estas condiciones se mantienen durante períodos prolongados, los productores pueden enfrentar menores rendimientos, mayores costos de operación y pérdidas económicas.
En el sector ganadero, la reducción de los pastizales obliga a buscar alternativas para alimentar a los animales, lo que puede incrementar los gastos de producción. La escasez de agua también representa un riesgo para el bienestar del ganado y la continuidad de las explotaciones pecuarias.
Estos factores podrían repercutir en la disponibilidad y los precios de productos de consumo cotidiano, como el arroz, las carnes y la leche, aunque la magnitud de cualquier impacto dependerá de la duración de la sequía, las reservas disponibles, la capacidad de riego y las medidas que adopten las autoridades y los productores.
El Niño y el riesgo para la seguridad alimentaria
Vargas advirtió, además, que una intensificación del fenómeno El Niño podría agravar las condiciones climáticas y aumentar la presión sobre los sistemas de producción de alimentos.
El fenómeno El Niño forma parte de la variabilidad climática natural asociada al calentamiento periódico de las aguas del Pacífico ecuatorial. Sus efectos no son iguales en todas las regiones, pero puede alterar los patrones de lluvia y temperatura, elevando el riesgo de sequías en determinadas zonas.
En territorios del Caribe y Centroamérica donde la agricultura depende de las precipitaciones, una temporada seca prolongada puede afectar especialmente a los pequeños y medianos productores, que no siempre cuentan con sistemas de riego, financiamiento o infraestructura suficiente para responder a una emergencia climática.
No obstante, la posibilidad de una escasez mundial de alimentos no debe interpretarse como un resultado inevitable. Su materialización dependerá de la evolución de las condiciones meteorológicas, el comportamiento de las cosechas en los principales países productores, las reservas alimentarias y la capacidad de los mercados para compensar posibles déficits regionales.
República Dominicana ante el desafío climático
Para la República Dominicana, la advertencia plantea la necesidad de prestar atención a la disponibilidad de agua destinada al consumo humano, el riego agrícola y la ganadería, así como a la evolución de los principales cultivos que abastecen el mercado nacional.
La prevención resulta especialmente importante para las actividades agrícolas que requieren un suministro regular de agua y para las zonas ganaderas vulnerables a la pérdida de pastos naturales.
Entre las medidas que pueden contribuir a reducir los riesgos figuran el uso eficiente del agua, la reparación y mejora de los sistemas de riego, el almacenamiento de agua para períodos secos, la protección de las fuentes hídricas, la conservación de forrajes y la planificación de las siembras conforme a los pronósticos climáticos.
También es fundamental fortalecer los sistemas de información agroclimática para que los productores reciban alertas oportunas sobre sequías, cambios en las precipitaciones y condiciones que puedan afectar sus cosechas.
Una advertencia que exige seguimiento
La declaración de Marcelino Vargas coloca sobre la mesa una preocupación que trasciende las fincas agrícolas: la relación directa entre las condiciones climáticas, la capacidad productiva del campo y el abastecimiento de alimentos para la población.
Para determinar la dimensión real del riesgo en el país, será necesario contrastar la reducción de las lluvias señalada por el consultor con los registros meteorológicos oficiales, evaluar la situación de los embalses y las fuentes de agua, y conocer los posibles efectos sobre las cosechas, los pastizales y los costos de producción.
La evolución de estos indicadores permitirá establecer si la sequía está generando pérdidas generalizadas o afectaciones concentradas en determinadas zonas y rubros agropecuarios.
La advertencia central es que la seguridad alimentaria depende, en parte, de la capacidad de anticiparse a los fenómenos climáticos. Para la República Dominicana y sus vecinos caribeños, disponer de información verificable, proteger el agua y preparar al sector agropecuario puede ser determinante para reducir las pérdidas y evitar que las dificultades de producción se traduzcan en mayores presiones sobre el abastecimiento y el costo de los alimentos.




